7 ago. 2010

¡Un sentimiento!

Con cariño, para un buen amigo 


Qué cosa más curiosa!
¡un sentimiento!, ¡la oveja negra!...
pero por extraño que parezca,
es el ser más especial de todo el rebaño...
quizás, apenas esté comenzando su viaje,
ese que todos emprendemos,
aquel que a diario vivimos,
pero la joven sabiduría le acompaña
junto a los inagotables deseos
de conocer nuevas maravillas...
Con la templanza y la serenidad,
es un espíritu juguetón,
dulce, sabio y curioso por aprender
que ilumina el día de todo aquel
que durante su viaje, se cruce en su camino.

Vanessa Montilla. 

5 ago. 2010

Felicidad...


Hoy un poco más animada y llena de dicha, la felicidad está en el simple hecho de contemplar un atardecer... aunque quizás pueda ser melancólico, ese toque de dulzura, un tinte de añoranza y gotas de sueños forman el bosquejo de una sonrisa en el rostro. Pero existe algo más, los “otros”... extraños, cada cual es un mundo, cajas de Pandora llenos de sorpresas, quizás sintamos miedo a lo desconocido, pero hoy un poco más animada y llena de dicha, esos “otros” forman parte de mí, ya no son extranjeros intrusos... en la diversidad se encuentra misteriosamente la armonía. Y así, un poco más animada y llena de dicha, he encontrado a estos grandes maestros de vida... Continuaré mi viaje al no se donde, guardando en mi equipaje los recuerdos, que, junto a ellos he construido. Entre la conciencia y los sueños yacen los secretos de esta extraña peregrina que lleva consigo el calor de aquellas risas, de aquellos abrazos y de esa bonita postal donde cada uno contribuyó en ese instante a la felicidad del otro... 

Vanessa Montilla

29 jun. 2010

Sin sentido...



Cuantos por qué revolotean en mi mente esta noche, como las mariposas que buscan la luz de la vieja lámpara de aceite. Estoy en esta cajita de cuatro paredes, con el silencio que retumba en los oídos, esos que escucharon melodías alguna vez... mi compañía no es otra que la de las mariposas y la araña, que laboriosamente teje sin descanso la tumba de algún desafortunado insecto.  Allí, junto a la biblioteca, está el antiguo teléfono descompuesto, recordándome que ya toda comunicación con el exterior ha sido cancelada, ahora la discusión ha de ser interna, ¡pero vamos! Hace tanto tiempo que asisto a aquellas discusiones conmigo misma y creo que yo y yo, hemos llegado a la conclusión de que la opción ha de ser el Narcisismo. Sí, una locura –y usted que lee esto, también está loco! Como yo...-  un sin sentido quizás, pero si la vida tuviera sentido, no sería más que una fotografía borrosa en blanco y negro, no se logra ver otra cosa que no sea una mezcla extraña de grises; por ello prefiero cocinar mi vida de modo diferente, con un toquecillo de tonterías, una pizca infantil, una cucharadita de desvergüenza y un derroche de sentimientos, muy variados eso sí, ¡viva la pluripolaridad!, lo bipolar se quedó con lo blanco y negro... y entre tantos por qué, pienso que quizás ya no debería preguntar, dejemos esa tarea para los chicos, creo que interrogué a más de un adulto con esa preguntilla incisiva en más de una ocasión cuando era niña, aunque aún me persigue la preguntita, por qué pasan ciertas cosas, por qué a mí, por qué me miran raro –este último por qué, surge por la receta que anteriormente apuntaba-. Tras varios sorbos de Sauvignon, más que preguntarse uno o varios por qué, la visión –si bien, borrosa- te hace ver claramente y reformulamos la pregunta a ¡¿qué carajo?! Mientras la melodía del amado interrumpe el silencio y el dionisiaco aroma impregna el ambiente, esa voz que canta tienes que creer para poder ver* me hace implorar a los Dioses un instante en el nirvana, sin por qués... qué carajo! Entre tanto, con la bandera del narcisismo izada, continúo con la irreverencia de una niña de 5 años y la poca “templanza” de estos 25, con la papilla de licor y los poemas de aquellos que ya no están, camino por el brocal amarillo cual equilibrista porque la acera está llena de gente y es aburrida... y cuando me miran se preguntarán pero... ¿por qué? Y yo pienso... ¡qué carajo!. 

*fragmento de la canción Mental by Kinesia

Vanessa Montilla

4 jun. 2010

y allá va...

Fotografía: Ansel Adams

Y allá va... algunas veces con vestido,
lazos y encajes de lolita...
otras veces, amanece más oscura,
y el color de los cuervos la invaden,
pero algo “tiernito” ha de llevar,
y allá va... como aquella niña detrás del espejo,
sólo que su verdadero mundo es el de revés...
las cosas normales le asustan,
todo mundo ama el dulce!
ella dice: “algo cítrico, por favor”...
y allá va... a veces la mujer,
otras veces la niña, pero allá va...
y su tristeza, oculta, silente,
se anuda en el lacito que ha de llevar,
pero al final del día lo desata y causa estragos.
Las líneas de algún escritor la consuelan,
y otras veces, la Apocalyptica melodía...
y allá va, con zapatitos ridículos,
continuando su viaje al no sabe donde,
quizás llore, pero siempre,
en el más recóndito lugar, encuentra pequeñas,
pero grandes alegrías...
y allá va... soñando con el quizás,
recordando el perfume de la “abue”,
ella que ya no está, y sólo en la memoria,
lleva consigo su espíritu.
Y allá va... intentando perdonarse,
para que el equipaje de viaje sea más liviano,
en dónde sólo hayan postales y poemas,
con sonrisas de dientes de leche,
y las historias que con el vino,
contó en una noche de amigos,
eterna compañía bendita..
Y allá va... con un poco de miedo,
pero allá va...


Vanessa Montilla

2 jun. 2010

Quisiera...

Cómo quisiera escucharte un poco más cerca,
que cantes para mí, en una tertulia de sonrisas,
y así hacer más apetecible la copa de vino tinto.
Escuchar entre el sonido de la guitarra, a la flor...
Esa!, la rosa pintada que tanto me gusta,
Y así, con la sagrada compañía de los amigos 
y entre los sorbos de vino y pedacitos de alegría,
recordar con tus melodías que aún sigo viva!


Vanessa Montilla

9 may. 2010

Llegó la hora de partir...




Y llegó la hora de partir...
Es inútil seguir dando vueltas en círculos,
Nada tiene sentido, ni vos que tanto amo,
Porque ante mis desbordantes sentimientos hacia vos,
respondes con la frialdad más distante,
como por costumbre, posiblemente no le inspiro otra cosa,
Gentil algunas veces, quizás por cortesía.
Y llegó la hora de partir...
hacia una muerte segura, con deseos de olvidar,
así como vos me has olvidado tantas veces,
pasaré silente, como un viejo espíritu,
que nadie ve, que nadie escucha, que nadie recuerda...
y llegó la hora de partir...
no se a donde ni en qué preciso instante,
pero sé que he de partir, con el recuerdo de vos,
y de los otros no correspondidos, como vos,
descabellados soldados que me han dejado,
me han dejado llena de heridas de guerra,
algunas han sanado, sí, pero las tuyas,
aquellas que tatuaste en mi ser, esas amor,
aún laten al compás de este estropajo de corazón.
Y llegó la hora de partir...
Hacia la nada, hacia la soledad, fiel compañera,
a quien temo desde niña, ¡pero vaya ironía!
ha sido ella mi eterna compañera,
y llegó la hora de partir...
llevándolo a vos en mi cajita de memorias,
en el estropajo ese que tengo por corazón,
con amor para vos, mi querido imposible, amado “O”

Vanessa Montilla 

3 may. 2010

Si acaso, a quien pueda interesar...


   Fuente de imagen: http://www.banksy.co.uk

Escribo estas líneas, si acaso, a quien pueda interesar, pues ya no creo que nada importe, hoy mi ánimo ha tocado el fondo del Hades, ya no se si estoy molesta o triste, quizás ambas, ¡qué importa ya!. Es simplemente el fantasma de la ausencia, de lo que no pudo ser, de lo que no puedo ser, es el fantasma de la exigencia, del deber ser, cuyo deber no puedo cumplir, no quiero. La perfección es algo volátil que no podré perseguir porque no quiero. Aquí estoy, “perfectamente imperfecta”, desnuda ante el mundo que nada le importo, y por qué habría de hacerlo, si a veces creo que tampoco me importa él. Si te preocupas por el “mundo” te tildan de soñador, utópico sin razón, aunque dicen los buenos cristianos que hay que ayudar al prójimo, ¡pero vamos! Que los más creyentes se hunden en sus propios “yo” y olvidan al “otro”, pues están muy ocupados en aquella búsqueda de la “perfección”  y el éxito, alguien les dijo –estoy segura de que no fue el anfitrión de la última cena-, que hay que hacer dinero para ser alguien en la vida, si eres hombre; y hermosa y sin neuronas, si eres mujer... quizás así lo ha dado a entender la religión publicitaria.
Yo me pregunto qué será eso de ser alguien en la vida, ¿qué es un alguien?, ¿qué es la vida?. Yo no lo sé, quizás porque no soy hermosa –y tampoco tengo ni las ganas ni el dinero como para copiar el cuerpo de una miss- y porque aún me acompaña alguna que otra neurona, por eso no puedo ser aquella que la sociedad aprueba, sencillamente estoy reprobada porque yo digo que la confusión no fue invento de Confucio.
Al inicio decía que no sabía si estaba molesta o triste, ciertamente, no lo sé, y aunque quiera hacer caso omiso a las reglas de este mundo, allí están, asechándome, como el fantasma de lo correcto, de la obligación social y moral, el fantasma de lo que no puedo ser para el ser amado–pues aunque lo intentara, jamás resultaría, así que  lo siento mucho si lo defraudo-. Estos fantasmas no son más que Inquisidores de la santísima perfección, me persiguen como a una hereje hechicera que adora al ángel más bello –aunque para mí, el ángel más bello no es el mismo al cual se refieren los cristianos-, pero ellos no entienden que no puedo negar mi esencia y que muchos otros como yo, eternamente nos negaremos  a ser borreguitos blancos y esponjosos que siguen por los siglos de los siglos el patrón, que un pequeño grupo a cortado para nosotros. Por eso, así como muchos otros “herejes”, decidí tomar el camino de los locos, tontos bohemios, utópicos sin utopía –así nos ha catalogado la distinguida, moral, perfecta y ante todo muy correcta sociedad-. Todo aquel que toma el barco de la poesía, el movimiento, la interpretación, las melodías y las pinceladas, no es más que un tripulante de barco pirata que hay que vetar. Pero la rebeldía es mucho más fuerte y por eso preferí leer a Carroll y navegar por sus relatos “sin sentido” antes que tener que aprenderme el aburrido código procesal penal que muy probablemente castraría mi imaginación –pero ah! ¡Sería tan perfecta si estudiara derecho!, el problema es que soy zurda y la derecha nunca me ha gustado-. Por eso también, preferí pintar cuerpos y rostros, llenos de colores, luces y sombras, pues de anatomía sólo quizás, sé lo necesario para decirle al doctor me duele aquí o allá. No sé hacer cálculos para crear súper máquinas y construir viviendas o de fórmulas para destruir el ecosistema, sólo sé sentir, ver imágenes, recordar olores e imaginar cosas irreales cuando escucho una melodía.
Entonces, sigo navegando en este barco pirata, perseguido y vetado por la santísima perfección, corriendo velozmente de un lado a otro, para que los templarios del deber ser no me apresen y con el bisturí del camino correcto, me hagan una cirugía plástica forzosa, para montarme en el carril del “estilo”, el “estatus” y la “vaciedad” del ser moralmente correcto, pues bendito sea todo aquel que haga algo para ganar dinero –aunque sea pisoteando al prójimo, pues con dos padres nuestros ese pecado estará saldado-  y decir que tiene “caché”, como un distinguido abogado que aunque no ha hecho doctorado se hace llamar doctor y envés de bufete sólo conozca de buffet, porque es “donde hay’”; o cualquier perfecto creyente de la fe, que estudia lo que mami y papi quieren, por aquello de la escala social y/o económica. Por ello aunque me sienta en el fondo del Hades, no puedo comulgar con la religión, esa que construye a perfectos autómatas y a perfectos estúpidos.
Han subestimado el lado sensible del ser, sólo es importante fabricar robots hacedores de dinero y muñequitas Barbies listas para abrir las piernas, han subestimado lo “irracional” del ser porque sencillamente se les ha olvidado ser; pues sólo quieren imitar a tal o cual estrella de la religión mediática- San Fashionista y la Santísima Ósea Hello!-  y yo... yo quizás quisiera ser como una estrella sí, pero quizás como la osa menor, está tan lejos y es amiga de la noche...
Así pues, esta religión de la sociedad perfecta y moralmente hipócrita, tilda de locos herejes a los que hemos tomado el camino del arte, el arte del ser independientes de pensamiento, el arte del ser verdaderos, con un poco más de defectos que virtudes, pero somos, o eso intentamos cada día al desnudarnos cuando escribimos un poema, al interpretar una melodía en un desgastado instrumento, al  protestar en unas tablas, al danzar junto a las sílfides mientras suena la música o simplemente la imaginamos, al darle color y forma a los sentimientos, por ello, a esos defensores de la fe, que nos señalan como “dañados”, vagos y artistas locos, perdonadles señor, que no saben lo hacen...

Vanessa Montilla

30 abr. 2010

La sifrina de caurimare... y sus herederos.




En Venezuela suele hablarse de una “generación boba” que estaba integrada por un sector de la juventud en la década de los ochenta, quienes anhelaban con adquirir todos aquellos productos “fantabulosos” que se ofrecían en la televisión, soñaban con viajar al mágico mundo del ratón, ser populares y ser reinas de belleza -en el caso de las chicas-. Sin embargo, no podemos obviar, que al mismo tiempo, otros jóvenes más realistas protagonizaron muchas de las protestas estudiantiles en pro de los derechos de los mismos -aunque centenares no pudieron culminar sus estudios pues no vivieron para ello-  ¿o es que acaso creen ustedes que ese pasaje estudiantil que con toda normalidad pagamos diariamente, surgió de la nada?, o porque los autobuseros son gente amable que adoran a los estudiantes...
Pero de lo que aquí queremos comentarles es sobre aquella generación boba y sus herederos, quizás alguno de ustedes habrá escuchado una muy absurda canción llamada “La sifrina de Caurimare” (http://www.youtube.com/watch?v=1aseQzJI4zg), y si prestan atención a su letra podrán comprender el por qué de la generación boba. Ahora bien, el problema de esta generación pasada es que ha dejado una secuela que aún hoy vemos y que nuestras “fantabulosas” cadenas televisivas, con un estilo “nuevo” y ritmos de raggaeton –ya no es Karina dando alaridos desde su ventana o El ídolo de la generación que se ponía a pintarte-, ahora y como siempre, insisten en bombardear a las mentecitas de estos jóvenes herederos de la “simpar de Caurimare” con ideas fuera de órbita y productos inútiles que al poco tiempo se hacen desechables. De hecho podríamos atrevernos a decir que sus programaciones no han cambiado mucho, salvo porque hay sexo mucho más explícito que antes, pero en términos generales, la televisión sigue igual!.
Laura Pérez una chica sifrina con telarañas en la cabeza, lastimosamente puede reconocerse en algunos –no todos- jóvenes venezolanos en pleno siglo XXI. Un ser autómata que pareciese poseer incrustado un chip –no diremos dónde- que lo ha programado para ser un animal de consumo, con un ímpetu arrollador por irse de “esta mierda” –el país- y un particular dispositivo clasista que ante la presencia de alguien “diferente” a él o ella suena un “bit” –claro diferente es todo aquel que sea de otro color y no tenga papis importantes, ni viva en el este... de Caracas, obvio! Lo demás es monte y culebra, ¿ok?-. Pero aquí, como les comentaba hace un momento, la televisión ha sido la nodriza de estas “criaturas trans” –por aquello de la comida y grasas transgénicas, muy en boga en estos tiempos y además principal fuente de alimento para nuestros herederos de la Simpar de Caurimare- pues hace unos días escuchaba a unos chicos que hacían comentarios sobre un comercial –de estos intravenosos que transmiten a cada 5 minutos y reiteradamente nos dicen “llame ya”!- el cual les parecía:
-¡Demasiado de pinga ese comercial!.
-Es demasiado bueno ese aparato y todo pero el tipo me da una risa.-el comercial era otro de los miles de aparatos inútiles para la cocina, claro este es un “inofensivo” de los tantos ejemplos, pues ni hablar de la oleada de idiotez que vivimos con la serie Somos tú y yo... -. 
Al escuchar esto le doy la razón  a Lipovetski, estamos en la era del vacío... no hay conciencia de las cosas, no hay cuestionamiento de aquello que se les presenta o de lo que se lee –cuando se lee-, hay un completo individualismo y la estupidez pululando por el aire; pero no todo está perdido! pues así como me tocó escuchar la conversación más absurda entre estos chicos –“que se están formando en la mejor universidad de esta mierda, en donde se supone deben vencerse las sombras...” - tuve el agrado de presenciar la gran perspicacia de un chiquillo que no pasaría de los 4 años, que al contrario de los anteriores, era observador y además de los por qués respectivos, era asertivo, conocía mucho más la realidad que mis chicos universitarios y además era muy coherente en lo que hablaba -realmente el ya está venciendo las sombras-. Quizás los hijos de la Simpar de Caurimare algún día reaccionarán y de no ser así, este pequeño de no más de 4 años, los  va a avasallar... 

 Vanessa Montilla

25 abr. 2010

Te pido me perdones...


Para vos, mi querido imposible, amado "O".


Te pido me perdones si algunas veces
mis ansías de tu atención te sofocan,
soy la niña que quiere tus mimos,
soy la amiga que necesita de tu hombro,
soy la mujer que desea ser sólo de vos.
Te pido me perdones si algunas veces
no puedo ofrecer mi regazo para que descanses,
Eros me ha castigado enviandote lejos,
pero aun así aquí estoy, para vos,
con la paciencia un tanto impaciente
pero recordándolo siempre mi querido imposible,
y recordándole a vos aquellas palabras del poeta...

"usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo" 
 
                               Mario Benedetti.


Vanessa Montilla

23 abr. 2010

Las mantuanitas y Don Eminencio Creído.



Advertencia: con este pequeño relato no se pretende ofender a nadie, las “mantuanitas” y el “Don Eminencio Creído” pueden ser cualquier persona que algunas veces sobrepasan los límites y transpiran clasismo a toda hora, olvidando poner los pies sobre la tierra.

Es la postmoderna Santiago de León de Caracas, escenario de ciertas anécdotas que aquí os voy a contar:
Una mañana como cualquier otra, luego de hacer sus oraciones y berrinches matutinos, nuestras mantuanitas, par de niñas malcriadas con aires de aristócratas, acuden a sus lecciones diarias de “intelectualidad”. Sí, ellas, refinadas y de alta alcurnia no sólo se dedican a bordar pañuelitos y a tocar el clave, ellas también saben leer, ¡pero claro! Si pertenecen a la clase media distinguida de la ciudad, no podía esperarse menos. 

Hace algunos días se celebró en la Santiago de León de Caracas una importante fecha histórica, por ello, observaba cuchichear a las mantuanitas sobre tan “grotesca y ridícula” celebración, mientras se abanicaban con una hojita de papel –no comprendo cómo señoritas de tal estirpe no poseen un abanico de verdad- era evidente que no podían ocultar su repudio e indignación ante tal hecho –yo creo que les dolía el estómago.
-        ¿Cómo es posible que hagan algo así?
      - ... y un montón de indios en guayuco, ¿es que acaso nosotros somos indios? – decían un tanto  sonrojadas, porque quizás era la primera vez que habían visto a un hombre con tan poca ropa. 

Las mantuanitas se sentían humilladas, qué atrevidos los que organizaron aquella celebración, cómo podían presentar a los grupos indígenas y peor aún, danzas populares... indios, negros, mulatos, ellos no deberían existir y ni hablar de los tipejos con uniforme, pensaban las niñas. Pero ellas no eran las únicas indignadas, también lo estaba Don Eminencio Creído, quien daba lecciones de cómo ser intelectual y no morir en el intento, a las cuales las niñas asistían. Sin embargo, a pesar de que los tres profesaban un fervoroso amor, lleno de añoranza hacia la “madre patria”, las mantuanitas no le perdonaban el colorcito y por ende, la casta a la cual pertenecía el señor mulato... Éste reclamaba también por el barullo ocasionado durante las prácticas previas a la celebración de aquel día.
       -¡Esto no sucede en la tierra de su Alteza el Rey Don Juan Carlos! –replicó indignado el iluso señor.
         -sigamos con la lección, de éste, ¡un libro de 1er mundo! –dijo mientras nos mostraba “EL” libro... aunque no me pareció nada particular, era un librito como cualquier otro.

Yo, mantuanita descarriada y de sangre sucia, observaba la histeria comunal que se desataba entre estos tres personajes –ay, qué palabrita, ¡“comunal”! mejor no la pronuncio mucho pues les puede provocar comezón... Entre tanto, me abanicaba con mi abanico de verdad y me preguntaba:
          - ¿En la tierra del “talfi” J.C., no hay ruidos?... ¿cuál será el 2do mundo?...

Claro porque  donde vivimos ha sido catalogado, no sé por qué ni por quién, como “país de 3er mundo”. Obviamente mis distinguidas compañeras de lección y Don Eminencio Creído, añoraban aquellos tiempos de la Capitanía general. Ellas, niñas mantuanas, hijas de padres verdaderamente españoles... ¿ok?, miraban de reojo al resto de las mantuanitas que, al igual que yo, eran descarriadas de sangre sucia y con abanicos de verdad.

Sin embargo, resultaba complejo entender aquel ego inflamado de este par –ni hablar del narcisismo de Don Eminencio- pues paradójicamente, sus padres verdaderamente españoles... ¿ok?, son descendientes e incluso, fueron ellos mismos, quienes se aventuraron una vez más al “nuevo mundo” porque un loco muy Franco los hizo salir de su país de 1er mundo como corcho e’ botella, con una mano blanca delante y otra más blanca detrás y con menos ropa que la que vestía el “indio ese”... 

Fue aquí, en un país de 3er mundo, donde nuevamente pudieron alcanzar cierto nivel económico con toques de neomantuanos, llevando una vida glamorosa y culta, pero con la creencia de que aun Santiago de León de Caracas era una colonia, su colonia. Por ello, sus hijas, las mantuanitas despreciaban a los “nativos” de la región, pues eran el resultado de aquel horrendo carnaval llamado mestizaje. Sin embargo, estos “nativos” aceptaron sin distinción a la oleada de “neoconquistadores” que  se vieron obligados a abandonar el Edén que se convertía en infierno por motivos muy Francos. Pero qué podían hacer, debían permanecer aquí y estudiar como buenas niñas, con la esperanza de que algún día retornarían a sus raíces, claro con el dinero que papi produjo en el país de 3er mundo. 

En cuanto a don Eminencio Creído, aun sigue mirándose en el espejo y afirmándose cada día como un hombre culto, de 1er mundo, que a regañadientes debe ilustrar con sus conocimientos a un grupo de señoritas, pero no a las mantuanitas de padres verdaderamente españoles... ¿ok?, a ellas las aborrece pero al  mismo tiempo las envidia porque él no pertenece a su “clase” –que más quisiera Don Eminencio que formar parte de su circulo social y estar en la tierra de su alteza y no aquí, en territorio 3er mundista dando lecciones a un grupo de mantuanitas descarriadas de sangre sucia, que se abanican con abanicos de verdad...  


Vanessa Montilla

21 abr. 2010

Para usted, Don Alberto...

A usted mi querido Don Alberto dirijo esta carta y así agradecerle por los viajes que desde mi imaginación, usted despierta con sus coplas, con sus versos. Debo confesarle que no he visitado su tierra, que sólo conozco algo de la poca atención que de pequeña presté a las clases de geografía. De sus paisajes y de su fauna, puedo decir que apenas he tenido un contacto escasamente cercano con chigüires un tanto hieráticos y un garzón firme como un soldado de mirada perdida, custodiando el pedacito de “escenografía llanera” en la vitrina de un frío museo.

Al escuchar sus cantas y corrios, desearía estar contemplando la sabana, observar a ese mismo garzón soldado un poco más libre, un poco más vivo. Conectarme con la tierra, esa que muchos desconocemos y que algunas veces menospreciamos ante la soberbia “cosmopolita”, cuyo cosmo le ha quedado muy grande. Esa tierra que sabe de asombrosos secretos centenarios, tierra de centauros. Tierra mítica de espantos y aparecidos, cuyas historias no tienen nada que envidiarle a Poe.

Entonces, llega el reto entre dos personajes, demostrando usted que el llano es mucho más que calor, “vegueros” y carne en vara –como suele promocionarse en la cosmopolita- es también territorio de poetas, de sagaces hombres que se enfrentan, cuyas armas son sus voces para el canto y su perspicacia para replicar, de ese modo dan vida a sus coplas. Quizás, las jovencitas de la urbe a la cual yo también pertenezco, sólo conocen de Shumann, Wagner, Haydn o Beethoven, con mentecitas de pequeñas mantuanas, alardeamos del saber, pero qué saber más pobre si nunca he visitado la tierra de usted. Sólo aquel día que decidí escucharlo y leer sus coplas comprendí... ¡realmente no se nada! Por eso le agradezco Don Alberto.

Negra se le ve la manta,
negro el caballo también;
bajo el negro pelo'e guama
la cara no se le ve.
Pasa cantando una copla
sin la mirada volver:

—Amigo, por si se atreve,
aguárdeme en Santa Inés,
que yo lo voy a buscar
para cantar con usté.

                                                                 Alberto Arvelo Torrealba


Vanessa Montilla

20 abr. 2010

Des-velada...

Aquí estoy en esta noche húmeda, pensándote, anhelándote, amándote como loca. Ya no me importa nada, la decencia, lo correcto... hace tiempo que dejé de creer en eso, sólo creo en ti. Yo sólo quiero estar en tus brazos amor, quiero robar tu corazón así como tú, tan cruelmente me arrancaste el mío...
¿Sabes que soy tuya? Pues sí, en cuerpo y alma, eso no lo olvides nunca. Aquí estoy amor, para tí y aunque no le des importancia, mi ser te protege, te cela con la ternura de una madre y otras veces con la furia de una licantropa herida. A veces quisiera desaparecer ante tu indiferencia, pero luego vuelves con un tierno "adjetivo" y simplemente eso hace que me aferre a tí, porque la soledad me asusta y lamentablemente eres tú quien me calma. 


Vanessa Montilla