9 may. 2010

Llegó la hora de partir...




Y llegó la hora de partir...
Es inútil seguir dando vueltas en círculos,
Nada tiene sentido, ni vos que tanto amo,
Porque ante mis desbordantes sentimientos hacia vos,
respondes con la frialdad más distante,
como por costumbre, posiblemente no le inspiro otra cosa,
Gentil algunas veces, quizás por cortesía.
Y llegó la hora de partir...
hacia una muerte segura, con deseos de olvidar,
así como vos me has olvidado tantas veces,
pasaré silente, como un viejo espíritu,
que nadie ve, que nadie escucha, que nadie recuerda...
y llegó la hora de partir...
no se a donde ni en qué preciso instante,
pero sé que he de partir, con el recuerdo de vos,
y de los otros no correspondidos, como vos,
descabellados soldados que me han dejado,
me han dejado llena de heridas de guerra,
algunas han sanado, sí, pero las tuyas,
aquellas que tatuaste en mi ser, esas amor,
aún laten al compás de este estropajo de corazón.
Y llegó la hora de partir...
Hacia la nada, hacia la soledad, fiel compañera,
a quien temo desde niña, ¡pero vaya ironía!
ha sido ella mi eterna compañera,
y llegó la hora de partir...
llevándolo a vos en mi cajita de memorias,
en el estropajo ese que tengo por corazón,
con amor para vos, mi querido imposible, amado “O”

Vanessa Montilla 

3 may. 2010

Si acaso, a quien pueda interesar...


   Fuente de imagen: http://www.banksy.co.uk

Escribo estas líneas, si acaso, a quien pueda interesar, pues ya no creo que nada importe, hoy mi ánimo ha tocado el fondo del Hades, ya no se si estoy molesta o triste, quizás ambas, ¡qué importa ya!. Es simplemente el fantasma de la ausencia, de lo que no pudo ser, de lo que no puedo ser, es el fantasma de la exigencia, del deber ser, cuyo deber no puedo cumplir, no quiero. La perfección es algo volátil que no podré perseguir porque no quiero. Aquí estoy, “perfectamente imperfecta”, desnuda ante el mundo que nada le importo, y por qué habría de hacerlo, si a veces creo que tampoco me importa él. Si te preocupas por el “mundo” te tildan de soñador, utópico sin razón, aunque dicen los buenos cristianos que hay que ayudar al prójimo, ¡pero vamos! Que los más creyentes se hunden en sus propios “yo” y olvidan al “otro”, pues están muy ocupados en aquella búsqueda de la “perfección”  y el éxito, alguien les dijo –estoy segura de que no fue el anfitrión de la última cena-, que hay que hacer dinero para ser alguien en la vida, si eres hombre; y hermosa y sin neuronas, si eres mujer... quizás así lo ha dado a entender la religión publicitaria.
Yo me pregunto qué será eso de ser alguien en la vida, ¿qué es un alguien?, ¿qué es la vida?. Yo no lo sé, quizás porque no soy hermosa –y tampoco tengo ni las ganas ni el dinero como para copiar el cuerpo de una miss- y porque aún me acompaña alguna que otra neurona, por eso no puedo ser aquella que la sociedad aprueba, sencillamente estoy reprobada porque yo digo que la confusión no fue invento de Confucio.
Al inicio decía que no sabía si estaba molesta o triste, ciertamente, no lo sé, y aunque quiera hacer caso omiso a las reglas de este mundo, allí están, asechándome, como el fantasma de lo correcto, de la obligación social y moral, el fantasma de lo que no puedo ser para el ser amado–pues aunque lo intentara, jamás resultaría, así que  lo siento mucho si lo defraudo-. Estos fantasmas no son más que Inquisidores de la santísima perfección, me persiguen como a una hereje hechicera que adora al ángel más bello –aunque para mí, el ángel más bello no es el mismo al cual se refieren los cristianos-, pero ellos no entienden que no puedo negar mi esencia y que muchos otros como yo, eternamente nos negaremos  a ser borreguitos blancos y esponjosos que siguen por los siglos de los siglos el patrón, que un pequeño grupo a cortado para nosotros. Por eso, así como muchos otros “herejes”, decidí tomar el camino de los locos, tontos bohemios, utópicos sin utopía –así nos ha catalogado la distinguida, moral, perfecta y ante todo muy correcta sociedad-. Todo aquel que toma el barco de la poesía, el movimiento, la interpretación, las melodías y las pinceladas, no es más que un tripulante de barco pirata que hay que vetar. Pero la rebeldía es mucho más fuerte y por eso preferí leer a Carroll y navegar por sus relatos “sin sentido” antes que tener que aprenderme el aburrido código procesal penal que muy probablemente castraría mi imaginación –pero ah! ¡Sería tan perfecta si estudiara derecho!, el problema es que soy zurda y la derecha nunca me ha gustado-. Por eso también, preferí pintar cuerpos y rostros, llenos de colores, luces y sombras, pues de anatomía sólo quizás, sé lo necesario para decirle al doctor me duele aquí o allá. No sé hacer cálculos para crear súper máquinas y construir viviendas o de fórmulas para destruir el ecosistema, sólo sé sentir, ver imágenes, recordar olores e imaginar cosas irreales cuando escucho una melodía.
Entonces, sigo navegando en este barco pirata, perseguido y vetado por la santísima perfección, corriendo velozmente de un lado a otro, para que los templarios del deber ser no me apresen y con el bisturí del camino correcto, me hagan una cirugía plástica forzosa, para montarme en el carril del “estilo”, el “estatus” y la “vaciedad” del ser moralmente correcto, pues bendito sea todo aquel que haga algo para ganar dinero –aunque sea pisoteando al prójimo, pues con dos padres nuestros ese pecado estará saldado-  y decir que tiene “caché”, como un distinguido abogado que aunque no ha hecho doctorado se hace llamar doctor y envés de bufete sólo conozca de buffet, porque es “donde hay’”; o cualquier perfecto creyente de la fe, que estudia lo que mami y papi quieren, por aquello de la escala social y/o económica. Por ello aunque me sienta en el fondo del Hades, no puedo comulgar con la religión, esa que construye a perfectos autómatas y a perfectos estúpidos.
Han subestimado el lado sensible del ser, sólo es importante fabricar robots hacedores de dinero y muñequitas Barbies listas para abrir las piernas, han subestimado lo “irracional” del ser porque sencillamente se les ha olvidado ser; pues sólo quieren imitar a tal o cual estrella de la religión mediática- San Fashionista y la Santísima Ósea Hello!-  y yo... yo quizás quisiera ser como una estrella sí, pero quizás como la osa menor, está tan lejos y es amiga de la noche...
Así pues, esta religión de la sociedad perfecta y moralmente hipócrita, tilda de locos herejes a los que hemos tomado el camino del arte, el arte del ser independientes de pensamiento, el arte del ser verdaderos, con un poco más de defectos que virtudes, pero somos, o eso intentamos cada día al desnudarnos cuando escribimos un poema, al interpretar una melodía en un desgastado instrumento, al  protestar en unas tablas, al danzar junto a las sílfides mientras suena la música o simplemente la imaginamos, al darle color y forma a los sentimientos, por ello, a esos defensores de la fe, que nos señalan como “dañados”, vagos y artistas locos, perdonadles señor, que no saben lo hacen...

Vanessa Montilla